Corren malos tiempos para la condena radical y efectiva de la tortura. Ante los embates del llamado “terrorismo global”, se está dando no sólo un acrecentamiento de su práctica sino incluso su defensa teórica para lo que se consideran situaciones excepcionales de amenaza a nuestra seguridad. Por eso precisamente, debemos repensar concienzudamente las razones morales en juego, para, en primer lugar, afinar y afianzar nuestras convicciones a favor de una dignidad humana de acuerdo con la cual debe rechazarse radicalmente y, en segundo lugar, tener un compromiso social activo que ayude a erradicarla.
El trabajo que aquí se ofrece pretende ser una pequeña aportación a esta tarea, tanto en su dimensión reflexiva como en la práctica. En una primera parte, se hace un análisis pormenorizado de la argumentación ética frente a la tortura, mientras que en la segunda parte se concreta la dimensión comprometida de lucha contra la tortura en un ámbito social concreto: el de la práctica educativa. Se propone lo que en un sentido amplio podría llamarse una “unidad didáctica” sobre la tortura, esto es, una serie de iniciativas pedagógicas flexiblemente estructuradas de acuerdo con un proceso que pueda facilitar la reflexión comprometida sobre esta cruel forma de violencia.