Entrevista a Xabier Etxeberria (Diario de Noticias de Álava, 26/11/2007)

«En la educación para la paz no se debe rehuir el conflicto próximo, por costoso que sea»

Entrevista realizada por Miren Ibáñez

“La educación para la paz se juega cuando somos capaces de afrontar los conflictos que vivimos”. Xabier Etxeberria, catedrático de Ética en Deusto y experto en educación para la paz, reflexiona sobre los obstáculos que se plantean en las aulas vascas para abordar esta materia.

Xabier Etxeberria estuvo la semana pasada en Vitoria para participar en las jornadas organizadas por la Fundación Fernando Buesa sobre la promoción de los valores democráticos en la educación. Etxeberria es responsable del área de educación de Bakeaz y, como tal, uno de los supervisores de Historias que nos marcan, unidad didáctica elaborada a petición de la Dirección de Atención a las Víctimas para llevar el testimonio de este colectivo a las aulas. Pero Etxeberria evita las polémicas políticas, consciente de que ese factor incide negativamente en la educación para la paz y convencido también de que no es posible la neutralidad del profesorado ante violaciones graves de derechos humanos.

— Ha dedicado mucho tiempo a estudiar la manera de llevar a las aulas la educación para la paz, una cuestión que despierta mucha controversia. ¿Cuál es el principal problema para materializar este objetivo? ¿A qué se enfrentan los profesores?

— Probablemente el problema fundamental sea debido a que hay una versión violenta del conflicto que tenemos, el conflicto violento terrorista de ETA, que realmente se ha mostrado complicado de tratar en las aulas. Por supuesto, primero hay una cuestión personal en ese tema y es que hay que vencer el miedo, no sólo a que puedas ser víctima de un atentado, sino vencer el miedo más cotidiano a que el sector adverso que puedas tener en contra entre tus alumnos y en tu entorno reaccione de maneras conflictivas contra ti mismo. Es un primer tema ése de gestionar positivamente el miedo, lo que yo llamaría una valentía prudente, para lo que habría sido bueno una especie de camino conjunto en un sector del profesorado, un camino que no siempre es fácil.

— El propio temor de los profesores es entonces el primer obstáculo para poner en marcha este tipo de programas…

— Claro, y ahí entra un segundo elemento sobre el que se ha reflexionado bastante, que es lo que puede significar la neutralidad del educador ante los conflictos en general. Pedimos que se haga una distinción entre el conflicto identitario y el violento. El educador puede plantearse que no es su trabajo tomar postura en el conflicto identitario y en ese sentido es normal que se mantenga neutral en el aula. Pero sí debe tomar postura ante el conflicto violento cuando hay violación de los derechos humanos. Lo que ha pasado es que un sector de educadores ha tendido a mantener la neutralidad ante todas las dimensiones del conflicto. Yo creo que éste ha sido otro elemento que no se ha reflexionado suficientemente en el espacio educativo. Estamos en la ética de mínimos, la ética cívica, que por ser una componente decisiva hay que plantearla en el aula.

— Imagino que la profesor se le plantea también la dificultad de un alumnado con ideas ya formadas sobre estas cuestiones.

— No tanto por tener una idea formada, cuanto porque dialogar sobre este tema es conflictivo. Si sacas el tema en el aula haces aflorar el conflicto y tenemos un cierto miedo de que nos empantanemos. Precisamente por eso otro de los retos que tenemos es crear un clima adecuado. Y creo que se puede hacer, pero la educación para la paz no consiste en tapar los conflictos porque van a suponer conflictos en el aula. Es un poco etéreo trabajar en el aula un conflicto que ocurre a no se qué distancia sobre el que todos estamos de acuerdo. No es que no haya que trabajarlo, pero en la educación para la paz no podemos rehuir el conflicto próximo por costoso que sea, porque la calidad de la educación para la paz se juega cuando somos capaces de afrontar los conflictos que vivimos.

— ¿Cómo se crea ese clima?

— Para empezar se precisa una autoridad pedagógica del educador, que tenga autoridad moral, un primer elemento muy relevante que a veces es muy difícil. Después, hacer un proceso de trabajo previo, no necesariamente hay que empezar por esto, por lo difícil, sino quizás empezar por conflictos más lejanos y luego ir acercándose para ir generando actitudes, estilos, procesos, que los alumnos van aprendiendo. Y cuando vas encontrando una maduración suficiente, entonces entrar en los conflictos más llamativos.

— ¿No resulta hoy en día complicado ese requisito de autoridad moral cuando se cuestiona la propia capacidad del educador de mantener la disciplina?

— Supone una dificultad añadida que pide más recursos. Pero esto no puede hacerse en el desamparo del profesor aislado, no sólo tiene que haber equipos de profesores, sino que las instituciones públicas tendrían que estar realmente muy dispuestas a ofrecer todos los apoyos que dependen de ellas.

— ¿La formación del profesorado en esta materia supone también un escollo?

— No ha recibido esa formación para estas circunstancias complejas. Evidentemente, un profesor a veces se inhibe porque piensa que puede generar un conflicto en el aula que después él no va a saber manejar.

— En cualquier caso, sí parece dado el paso de asumir que la educación para la paz debe tener su espacio en los colegios.

— Estamos en el momento de que hay conciencia de que hay que hacerlo, se están dando pasos diversos, pero aún es demasiado precario. Pero aunque llegue tarde, hay que recurrir a la supertópica frase de más vale tarde que nunca.

— ¿Cómo se plantea a chavales tan jóvenes temas tan complejos como las víctimas del terrorismo o, por poner un tema que aparece contrapuesto, los presos?

— Pueden estar presentes todas las cuestiones, claro. Pero la idea fundamental es que hay que distinguir entre violaciones graves de derechos, derechos discutibles, qué son víctimas estrictas, qué es victimarios-víctimas, que un preso no es víctima moral por se preso, sino porque en un momento dado el sistema judicial le ha podido tratar en un sentido contrario a lo que piden los derechos humanos. Yo creo que se puede hacer un trabado de este tipo de cosas de modo que todas estas cuestiones acaben teniendo su lugar. Lo han hecho ya unos educadores al hilo de unos planteamientos teóricos y pedagógicos diseñados en Historias que nos marcan, y ahí se va diciendo: primero hay que crear un clima, después hay que empezar a hacer unas cosas que permitan llegar a un objetivo y en ese proceso pueden aparecer otras cuestiones.

— ¿Hereda el aula la conflictividad generada en la sociedad?

— Si se lleva mal la gestión del conflicto en la sociedad, nos hace más complicado llevar la gestión del conflicto positivamente en el aula. En la sociedad hay procesos de crispación entre los partidos políticos democráticos en torno a ese tema que no nos ayudan a que llevemos las cosas con más facilidad en el aula.

— Hablaba de la situación del profesorado en este tipo de programas, ¿han evaluado cuál es la respuesta de los alumnos?

— Lo que se ha hecho es todavía demasiado precario y las evaluaciones que existen son de trabajos más genéricos de educación para la paz. Pero lo poco que tenemos es que a veces los adultos, respecto a los adolescentes, podemos proyectar más miedos de los que hay en realidad. Después, depende mucho de los centros y las aulas.

Xabier Etxeberria es profesor de Ética de la Universidad de Deusto y miembro de Bakeaz.

Publicado en Diario de Noticias de Álava, 26 de noviembre de 2007.