Entrevistado por Lorena Gil
El profesor de Deusto dice en su tesis que la Iglesia nunca ha sido indiferente con los damnificados por ETA, aunque perdió la ocasión de liderar su reconocimiento.
Galo Bilbao, licenciado en Filosofía y Teología y profesor de Ética en la Universidad de Deusto, ha dedicado su tesis doctoral, recientemente defendida, a estudiar el tratamiento que se ha hecho de las víctimas del terrorismo en los discursos de los obispos vasconavarros entre los años 1968 y 2006. Ha identificado alrededor de mil referencias, entre cartas pastorales, homilías, notas de condena o conferencias, con el objetivo de analizar si la supuesta falta de atención por parte de la Iglesia hacia este colectivo que critican algunos damnificados por la violencia de ETA se corresponde o no con la realidad.
—Una de las conclusiones de su tesis doctoral es que los obispos vasconavarros no han mostrado indiferencia hacia las víctimas del terrorismo.
—Es una de muchas. Tres de las demandas o críticas que las víctimas hacen a los obispos son, precisamente, que han mostrado indiferencia hacia ellas, que no han recordado a ETA el mandato de ‘no matarás’ y que no tienen en cuenta e incluso contradicen el Magisterio Papal. Pero esas críticas no son consistentes. Desde la aparición de la banda terrorista, la Iglesia ha condenado siempre de manera explícita los atentados e incluso han habido muestras de solidaridad personal. Además, el ‘no matarás’ aparece permanentemente desde el inicio; incluso en una época en la que algunos colectivos legitimaban el uso de la violencia, los obispos decían que ése no era el camino. Por último, no hay que olvidar tampoco que el fundamento del discurso de los obispos está en la encíclica ‘Pacem in terris’ de Juan XXIII y en los mensajes papales de la Jornada mundial por la Paz.
—Entonces, ¿por qué cree que la percepción de algunas víctimas es la contraria?
—Eso lo tendrán que responder ellas.
—Pero, ¿cuál es su opinión?
—Yo creo que el discurso de los obispos vasconavarros se ha dado, en muchas ocasiones, en momentos de especial tensión, como cuando se produce un atentado, y eso se ha traducido en interpretaciones parciales.
—¿Parciales?
—Los obispos se quejan de que sus textos no son entendidos ni plasmados en su totalidad o de que se les da una interpretación política cuando ellos dicen que es ética y pastoral. De ahí que, en ocasiones, se espere algo distinto de los discursos que luego no se da.
—¿Diría que no existe justificación para las críticas de los damnificados?
—Lo cierto es que no me atrevería a decir tanto, pero la tesis lo que muestra es que hay tres críticas que no tienen referencias en la realidad.
—Lo que sí apunta, sin embargo, es que en el discurso de los obispos han existido deficiencias.
—Los obispos vasconavarros inicialmente tienen una posición contra la violencia de ETA, incluso durante la dictadura franquista, y también de denuncia de la llamada ‘guerra sucia’ antiterrorista que no tienen otros colectivos sociales. Pero, frente a esa tarea de liderazgo, nos encontramos con que perdieron la oportunidad de ser promotores a su vez del reconocimiento a las víctimas como sujeto referencial. Ahí se da un desajuste.
—Es decir, que podría afirmarse que hubo una reacción tardía en el reconocimiento a las víctimas.
—Sí. Se percibe la violencia como un conflicto que existe en la sociedad y se intenta acabar con él desde la raíz. De ahí que los obispos se centren más en ETA y su violencia que en las personas que la padecen. Pero también hay que decir que esta deficiencia no es específica de la Iglesia.
—¿A qué se refiere?
—También lo es de los partidos y las organizaciones sociales. Quienes critican a los obispos tendrían que reconocer que, en España, hasta los noventa ni políticos ni periodistas tuvieron a las víctimas como referencia. Un ejemplo claro es que la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) se creó en el 81, pero la mayoría de la sociedad no ha sabido que existe hasta diez años más tarde.
—Con el paso del tiempo el discurso episcopal hacia las víctimas ha evolucionado mucho. ¿Cuándo diría que se hace más patente ese cambio?
—Ha evolucionado mucho y siempre en positivo. Yo creo que hay varias etapas. De 1968 a 1978 se da una ausencia de las víctimas como sujeto, pero de 1979 a 1991 hay un cambio especialmente significativo. La categoría víctima entra en la de pueblo sufriente. Los afectados por el terrorismo no son personas con nombres y apellidos, sino que se da una abstracción y las víctimas son todo el pueblo que está envuelto en el conflicto.
—Pero en esa definición entrarían también los etarras.
—Entrarían todos porque esa es la percepción del pueblo sufriente. No es hasta el año 1992 cuando se avanza hacia un reconocimiento de las víctimas como sujeto y en el 2000 es ya un reconocimiento pleno. Los obispos recogen los argumentos de los afectados con peticiones explícitas como verdad, justicia y memoria.
—Ha estudiado cerca de mil referencias para desarrollar su tesis. ¿Qué diferencias ha encontrado entre los discursos?
—Los textos conjuntos no tienen una referencia inmediata a las víctimas, pero los particulares sí. Además, también hay muchas diferencias entre obispos.
—Por ejemplo…
—Setién, que en mi opinión ha recibido críticas inadecuadas e incluso se le ha acusado de barbaridades como decir que era el obispo de ETA, es más racional; Uriarte es más vehemente y resulta más cercano; Blázquez elimina las ambigüedades y junto a Echenagusia explicita la petición de perdón de la Iglesia a las víctimas; Sebastián destaca la inocencia de los damnificados y Asurmendi hace hincapié en el arrepentimiento de los victimarios.
—¿Qué aspecto de los discursos señalaría como especialmente polémico para los afectados por el terrorismo?
—El mensaje de reconciliación. Para ellos supone perdonar a sus victimarios y ese es un momento de tensión, sobre todo cuando no hay arrepentimiento. Pero los obispos hablan sobre todo de una reconciliación a nivel social.
—¿Qué cree que echan en falta las víctimas en los textos episcopales?
—Muchos los ven como encorsetados; un texto de condena cuando se produce un atentado y una homilía en los funerales. Por ejemplo, una de las críticas que hacen es que nunca se ha escrito una pastoral específica hacia las víctimas. Hace falta una reflexión completa que tenga a los afectados como sujeto referencial y ahora se dan las condiciones para ello.
Galo Bilbao es teólogo, filósofo, profesor de Ética en la Universidad de Deusto y colaborador de Bakeaz.
Publicado en El Correo, 28 de diciembre de 2008.