Los recientes atentados terroristas muestran a las claras que los movimientos yihadistas magrebíes no sólo han conseguido sobrevivir a la asfixiante presión policial, sino que además han subido el listón de sus objetivos. De atentar contra comisarías de la Gendarmería en los suburbios de Argel o contra hoteles de lujo de Casablanca han pasado a atacar la propia sede del Gobierno argelino, lo que sin duda representa un salto cualitativo.
El Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (al que, no por casualidad, pertenecía Allekema Lamari, uno de los suicidas de Leganés) cede así el protagonismo a la Organización Al-Qaida en el Magreb, constituida el pasado mes de enero. Con estos atentados, los yihadistas tratan de responder a la captura, esta misma semana, de un centenar de guerrilleros argelinos que se disponían a partir a Irak a hacer la guerra santa. Esta operación ha demostrado la existencia de una estrecha relación entre las ramas de Al-Qaida en el Magreb y Mesopotamia y que Irak se ha convertido en un polo de atracción para los islamistas radicales de todo el mundo islámico.
En los últimos meses, el movimiento yihadista magrebí ha mostrado un vigor inusitado, más mortífero en Argelia que en Marruecos, país en el que la rudimentaria preparación de los suicidas les ha llevado a cometer errores de bulto, como el pasado martes cuando fueron interceptados antes de que llevasen a cabo sus atentados o cuando, semanas atrás, un integrista se hizo saltar por los aires en un cibercafé de Casablanca.
No obstante, no se debería infravalorar la posibilidad de que Marruecos cobre un mayor protagonismo en la estrategia yihadista, debido a las recientes soflamas de Ayman Al Zawahiri, ‘número dos’ de Al-Qaida, quien viene insistiendo en sus últimos comunicados en la necesidad de recuperar para el Islam los territorios de Ceuta y Melilla, que ha llegado a comparar con Chechenia y Palestina. A este factor se une el hecho de que varias webs yihadistas hayan reclamado la salida del contingente español de Afganistán. De hecho, las embajadas españolas en el Magreb se encuentran desde hace varias semanas en máxima alerta tras la difusión de un comunicado del Movimiento de Liberación de Al-Ándalus, hasta ahora desconocido, que amenaza los intereses españoles en los países magrebíes. No debe pasarse por alto que los responsables de los atentados del 11 de marzo se autodenominaron Brigada Al-Ándalus y en sus comunicados señalaron estar dispuestas «al martirio en la tierra de Tariq ben Ziyyad».
Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y colaborador de Bakeaz.
© Ignacio Álvarez-Ossorio, 2007; © Bakeaz, 2007.
Publicado en El Correo, 12 de abril de 2007.