No es tarea sencilla encajar los datos que van llegando de dos zonas de tensión muy próximas entre sí: el valle de Presevo, en el sur de Serbia, y los alrededores de la aldea de Tanuseva, en la linde entre Macedonia y Kosovo. A la luz de experiencias pasadas, el que más y el que menos intuye, sin embargo, que esos dos focos de tensión pueden ampliar su ámbito geográfico y alterar muchos de los equilibrios, ya de por sí precarios, en la parte más meridional del Estado yugoslavo de otrora.
Protagonista común en los dos contenciosos que nos ocupan es la presencia de formaciones guerrilleras en las que ciudadanos de etnia albanesa –de Kosovo o de Macedonia– han asumido el protagonismo. Parece servida la conclusión de que a los ojos de los herederos de lo que hasta 1999 fue el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) las fronteras hoy existentes merecen poco crédito. A ello se suma, probablemente, la necesidad de recuperar protagonismo tras los malos resultados obtenidos por el Partido Democrático de Kosovo –el ''frente político'' del ELK– en las elecciones celebradas en el otoño.
En el transfondo se barruntan, también, los primeros coletazos de una reyerta anunciada, como es la que está llamada a oponer al grueso de las fuerzas albanokosovares y a las autoridades del protectorado internacional en lo relativo a cuestión tan espinosa como es el posible ejercicio del derecho de autodeterminación. Esa reyerta ha visto acaso cómo su manifestación se aceleraba de resultas de una percepción cada vez más generalizada entre la población albanesa de Kosovo: la que da en concluir que las potencias externas han iniciado una luna de miel con el régimen que, en Belgrado, encabeza Vojislav Kostunica, de tal suerte que hoy las expectativas de una fórmula autodeterminista para Kosovo son sensiblemente menores que las que se revelaban unos pocos meses atrás.
Claro es que, al margen de lo dicho, los dos escenarios invocados emiten señales distintas. En el caso del valle de Presevo se manifiestan como poco dos hechos interesantes. Si del lado de la guerrilla albanokosovar despunta una clara renuencia a aceptar que un territorio de mayoría de población albanesa pueda hallarse en estas horas bajo la indisputada férula de Belgrado, las dudas con respecto al contenido de la política desplegada por las autoridades serbias, viejas o nuevas, configuran una sugerente materia de debate. Al respecto no faltan los analistas inclinados a pensar que, retórica aparte, Belgrado ha utilizado a los albaneses de Presevo como blanco para el ejercicio de una operación de represalia, material o simbólica, por lo ocurrido en 1999 en el vecino Kosovo. Sean las cosas como sean, Presevo es en estas horas el más claro escenario de la incipiente confrontación entre la resistencia armada albanokosovar y las autoridades internacionales.
Lo de Tanuseva es harina de otro costal, el macedonio, en el que resulta sencillo apreciar los signos, cada vez más sólidos, de una disputa interna que en los últimos años ha permanecido soterrada. El evidente alineamiento que buena parte de la población eslava del país mostró en 1999 con las posiciones avaladas en Kosovo por las autoridades serbias se vio acompañado de una progresiva radicalización de algunas de las fuerzas políticas albanesas (no se olvide que los albaneses son clara mayoría en la zona más occidental de Macedonia, algo que, dicho sea de paso, poco o nada tiene que ver con lo ocurrido en Tanuseva, cuya condición problemática más se debe, por lo que parece, a la inmediatez de la frontera kosovar).
Algunos análisis sugieren que el precario equilibrio alcanzado por una parte de la elite política macedonia –eslava y albanesa– parece condenado a romperse, sin que los pronósticos afinen demasiado en lo relativo al proceso que, en esa eventualidad, adquiriría el mayor protagonismo: si un renovado impulso conferido a un nacionalismo eslavo-macedonio que pasaría entonces a asumir en plenitud muchos de los rasgos exhibidos por la elite que ha dominado Serbia en los últimos doce años o, por el contrario, una creciente implicación de sectores de la minoría albanesa en movimientos armados como los que han alcanzado innegable protagonismo tanto en Presevo como en Tanuseva. La situación de los albaneses en Macedonia es, de cualquier modo, más delicada. Preteridos en los hechos y con muchos de sus teóricos derechos diezmados, sobre ellos habría pasado a ejercer una influencia decisiva la percepción de lo ocurrido –en forma de una aparente liberación– en el cercano Kosovo.
Conviene agregar, en suma, un par de apreciaciones más. La primera subraya que tensiones como las que ahora nos interesan tienen beneficiarios inesperados. Tal es el caso de Kostunica de resultas de lo que está ocurriendo en Presevo –le está proporcionado una significativa añagaza ante una opinión pública que pide, y consigue, posiciones de fuerza– y de las propias autoridades macedonias –beneficiarias de una solidaridad, la de sus vecinos búlgaro y, en especial, griego, de la que han carecido en el decenio pasado– por efecto de los combates en Tanuseva.
En un plano distinto, conviene no dar demasiado crédito a tantos análisis que invocan el fantasma de la ''gran Albania'' para dar cuenta de lo que ha venido sucediendo en los últimos días. El debate relativo a una eventual unificación con Albania parece clausurado –no diremos que definitivamente, porque nadie está en condiciones de predecir un futuro impregnado de azarosas circunstancias– en Kosovo: el común de los kosovares no aprecia otra cosa que caos en el vecino occidental. Aunque son más fluidas, en cambio, las relaciones entre las comunidades albanesas del propio Kosovo y de Macedonia, no parece que en la trastienda oculten un franco proyecto asimilacionista. La incertidumbre con respecto al porvenir del primero de esos países –la cuestión de la autodeterminación, para entendernos– es, aun así, un poderoso estímulo para que, entre la duda y la zozobra, los agentes que operan sobre el terreno olviden sus propias capacidades y decidan ignorar, a menudo, las de sus rivales.
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de Bakeaz.
© Carlos Taibo, 2001; © Bakeaz, 2001.
Publicado en El Correo, 14 de marzo de 2001.